Hablar de sostenibilidad en el vacuno de carne no es hablar solo de emisiones, suelo o agua. También es hablar de personas
Hablar de sostenibilidad en el vacuno de carne no es hablar solo de emisiones, suelo o agua. También es hablar de personas. De quien mantiene las granjas, de quien decide quedarse en el territorio y de quien puede tomar el relevo en una actividad esencial para muchas zonas rurales europeas.
El relevo generacional es hoy uno de los grandes retos de la agricultura en la Unión Europea (UE). La Comisión Europea recuerda que el objetivo de su Estrategia de relevo generacional en la agricultura es duplicar la proporción de jóvenes y nuevos agricultores en Europa de aquí a 2040 para asegurar una agricultura innovadora, competitiva y resiliente.
El desafío no es menor. Según Eurostat, en 2023 había 8,4 millones de personas empleadas en el sector agrario europeo, incluyendo agricultura, ganadería, caza y servicios relacionados. Además, el peso del empleo agrario en el conjunto de la fuerza laboral de la UE descendió del 5,2% en 2013 al 3,9% en 2023.
La importancia económica y social del sistema agroalimentario europeo es aún mayor si se observa toda la cadena. La Comisión Europea señala que la agricultura y la alimentación, junto con las actividades previas y posteriores a la producción primaria, sostienen cerca de 40 millones de empleos en la UE.
Un reto demográfico, no solo sectorial
El relevo generacional no puede separarse de la evolución del medio rural europeo. Según Eurostat, las regiones predominantemente rurales representan el 44,7% de la superficie de la Unión Europea, pero solo concentran el 20,6% de su población. Además, su estructura demográfica muestra una menor presencia de jóvenes adultos, especialmente en las franjas de 20 a 29 años, algo que Eurostat relaciona con la salida hacia otros territorios para continuar estudios o buscar oportunidades laborales.
En España, la situación también refleja ese reto, aunque los datos recientes muestran una realidad más compleja que la simple pérdida continuada de población. En 2024, los municipios de menos de 5.000 habitantes aumentaron su población en 22.020 personas, encadenando el séptimo año consecutivo de crecimiento. Desde 2018, estos municipios han ganado 163.027 habitantes. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) señala, no obstante, que este crecimiento se explica, sobre todo, por la llegada de nuevos residentes y que el saldo vegetativo sigue siendo negativo. Este dato obliga a introducir un matiz importante: recuperar población no siempre equivale a mantener actividad productiva.
El reto no es solo frenar el despoblamiento, sino evitar el abandono del territorio. Para que el medio rural siga vivo, no basta con atraer nuevos habitantes. También es necesario que existan variables como empleo agrario, gestión del paisaje, producción de alimentos ligada al territorio y proyectos de vida estables. En este contexto, el relevo generacional en el vacuno de carne adquiere una dimensión que va más allá de la continuidad empresarial: significa mantener empleo, conocimiento productivo, gestión del territorio y oportunidades profesionales en zonas donde la ganadería sigue siendo una de las actividades más vinculadas al medio rural.
En España, los datos de empleo ayudan a entender por qué este debate no es solo sectorial, sino también social y territorial. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), a partir de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el tercer trimestre de 2025 el sector agroalimentario alcanzó 1.343.900 personas ocupadas, el 6% del empleo total en España, y sumó 46.500 ocupados más que un año antes. Dentro del sector primario, la agricultura y la ganadería reunían 690.000 personas ocupadas, 24.500 más que en el mismo trimestre de 2024. El dato es relevante porque muestra que el campo, además de territorio, también es empleo, actividad económica y continuidad profesional. Sin relevo generacional, esa base laboral y productiva se debilita.
Sostenibilidad también significa continuidad
En un contexto en el que las afirmaciones ambientales del sector alimentario están cada vez más sometidas a escrutinio, la sostenibilidad no puede construirse sobre mensajes genéricos ni promesas difíciles de verificar. Debe apoyarse en datos, fuentes contrastables, medidas concretas y una lectura precisa de cada sistema productivo.
Reducir la sostenibilidad únicamente a la dimensión ambiental simplifica en exceso una realidad mucho más compleja. Un sector no puede considerarse sostenible si reduce impactos, pero pierde granjas, empleo y capacidad de mantener vivo el territorio. La sostenibilidad también implica que las personas que producen alimentos puedan seguir haciéndolo en condiciones viables, con futuro y con capacidad para incorporar innovación. Algo vital para el necesario relevo generacional.



