El liderazgo femenino en el vacuno de carne no debe presentarse como una excepción ni como una tendencia reciente. Es una realidad que ya existe en muchas granjas, aunque durante años no siempre haya sido suficientemente visible.

Hablar de sostenibilidad en el vacuno de carne no es hablar solo de emisiones, suelo, agua o bienestar animal. También es hablar de personas: de quién sostiene las granjas, quién toma decisiones, quién innova, quién se queda en el territorio y quién puede liderar la transformación del sector en los próximos años.

Durante mucho tiempo, la imagen pública de la ganadería ha estado asociada casi exclusivamente a los hombres. Sin embargo, la realidad de muchas granjas de vacuno de carne ha sido más compleja: las mujeres han participado en la gestión diaria, en la organización del trabajo, en la administración económica, en el cuidado de los animales y en la continuidad familiar de la actividad. Muchas veces lo han hecho sin suficiente visibilidad, reconocimiento formal o presencia en los espacios de decisión.

Esta cuestión no es solo española ni solo sectorial. La Red Europea de la Política Agraria Común recuerda que los Planes Estratégicos de la PAC 2023-2027 incorporan un enfoque de igualdad de género y buscan aumentar la participación de las mujeres en la agricultura, además de evaluar mejor su posición en el sector agrario, forestal y rural. Es decir, la presencia y el liderazgo de las mujeres forman ya parte del debate europeo sobre el futuro del campo.

Una presencia imprescindible, pero todavía insuficiente

Los datos europeos muestran que aún queda camino por recorrer. Según Eurostat, en 2020 solo el 31,6% de los agricultores de la Unión Europea eran mujeres. El mismo análisis señala que la agricultura sigue siendo una profesión muy masculinizada y que solo el 11,9% de los responsables de granjas tenía menos de 40 años. Por tanto, el sector afronta a la vez dos grandes desafíos: incorporar jóvenes y avanzar hacia una participación más equilibrada entre mujeres y hombres.

En España, el diagnóstico también apunta en esa dirección. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) señala que las mujeres representan solo el 26,3% de la población activa agraria y cobran de media 6 euros menos por jornada que los hombres. No se trata, por tanto, de una cuestión simbólica: hablamos de empleo, reconocimiento, condiciones laborales, acceso a recursos y presencia real en la toma de decisiones.

Al mismo tiempo, la evolución reciente muestra señales relevantes. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), entre el Censo Agrario 2020 y la encuesta estructural agraria de 2023, la mano de obra contratada de manera regular aumentó un 5,6%, pero el crecimiento fue mucho mayor entre las mujeres, con un incremento del 22,2%, frente al 2,3% registrado en los hombres.

Este dato no resuelve por sí solo las desigualdades, pero sí muestra una tendencia importante: la presencia femenina regularizada en el trabajo agrario está creciendo. Y eso importa, porque lo que no se reconoce, no se mide; y lo que no se mide, difícilmente puede apoyarse con formación, asesoramiento, ayudas o herramientas específicas.

Liderazgo en la granja y en la gestión

En el vacuno de carne, esta realidad tiene una importancia especial. Gestionar una granja hoy implica mucho más que mantener una actividad heredada. Supone tomar decisiones sobre alimentación, sanidad animal, bienestar, fertilidad, genética, manejo de pastos, gestión de estiércoles, costes, digitalización, comercialización y sostenibilidad ambiental.

Ese cambio abre espacio para nuevos liderazgos. Muchas mujeres no solo participan en la actividad ganadera: organizan, planifican, administran, innovan y toman decisiones clave sobre el futuro de la granja. Reconocer ese papel no es una cuestión de imagen, sino de sostenibilidad social y económica.

Además, la transformación del sector exige capacidades cada vez más diversas: conocimiento técnico, formación, gestión empresarial, manejo de datos, comunicación, adaptación al mercado y sensibilidad ambiental. En ese contexto, desaprovechar el talento femenino sería una debilidad para el conjunto del sector.

Tecnología, datos e innovación: una oportunidad para atraer talento

Uno de los cambios más importantes que está viviendo el sector es la incorporación de herramientas digitales y sistemas de medición. La gestión de datos permite conocer mejor la granja, detectar puntos de mejora, ajustar recursos y avanzar hacia modelos más eficientes.

La alimentación de precisión es un ejemplo claro. El Código de Buenas Prácticas de PROVACUNO la define como la capacidad de suministrar el nutriente adecuado, en el momento adecuado y al animal adecuado, apoyándose en la monitorización de los animales y en el uso de datos para tomar decisiones. También señala que esta técnica empieza a implantarse en el vacuno de carne, aunque requiere una recogida de datos precisa y personal cualificado.

Este cambio abre una oportunidad para las nuevas generaciones que ya están incorporando formación, gestión empresarial, herramientas digitales, comunicación y sensibilidad ambiental a sus proyectos ganaderos.

En este contexto, el programa Sustainable European Beef (SEUB) busca acompañar al sector europeo del vacuno de carne, y en particular al español y al belga, en su proceso de adaptación y mejora continua en sostenibilidad, facilitando el acceso a información técnica, formación específica y espacios de intercambio de conocimiento.

Sostenibilidad social también significa liderazgo compartido

Hoy es ya un hecho que reducir la sostenibilidad únicamente a la dimensión ambiental simplifica en exceso una cuestión mucho más compleja. Un sector no puede considerarse sostenible si reduce impactos, pero pierde talento, empleo, relevo generacional y capacidad de mantener vivo el territorio.

La sostenibilidad también implica que las personas que producen alimentos puedan seguir haciéndolo en condiciones viables, con reconocimiento, con futuro y con capacidad para innovar. Y en esa ecuación, las mujeres no pueden ocupar un papel secundario.

El liderazgo femenino en el vacuno de carne no debe presentarse como una excepción ni como una tendencia reciente. Es una realidad que ya existe en muchas granjas, aunque durante años no siempre haya sido suficientemente visible. El reto ahora es reconocerla, reforzarla y facilitar que más mujeres puedan liderar proyectos ganaderos viables, profesionales y conectados con el territorio.

Porque el futuro del vacuno de carne europeo no dependerá solo de producir mejor. También dependerá de que todo el talento disponible –mujeres y hombres, jóvenes y generaciones con experiencia– pueda participar en la transformación del sector.

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